13 de septiembre de 2010

No callemos


El científico me observa con una pasmosa seriedad. O no lo puede creer o le molesta. La última vez que tuvimos una conversación y se burló de mi fe, lo único que atiné a hacer fue dejar escapar una estúpida y complaciente sonrisita. Lo que lo perturba es que hoy no estoy haciendo lo mismo. La semana anterior me encontré con una amiga artista y me di cuenta de que cometía un error tonto: Permitía que se burlara de lo que la podía salvar de la tristeza que se escondía detrás de sus comentarios; yo, del otro lado de la mesa, conocía a Quién podía darle sentido a su vida y le permitía evadirlo con sus burlas. Medité sobre eso. No era justo. No es justo que guarde silencio. No tiene sentido que guardemos silencio. Hemos conocido La Vida en Su Plenitud y hemos conocido el sinsabor de tener una vida a medias. El Amor en la totalidad de Su Plenitud se nos ha manifestado en la persona de Jesucristo y el sinsentido total lo hemos conocido estando lejos de él. Sabemos lo que son las dos cosas: No encontrar sentido y conocer al Dios que le da sentido a todo. Y a mí me parece que no es justo que dejemos que otros tengan que seguir viviendo sin sentido cuando conocemos al Dios que le puede dar plenitud a cualquier vida.
Lc. 24, 46 - 48: “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciera y resucitara de los muertos al tercer día; y que se predicara en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén Vosotros sois testigos de estas cosas”: Dios espera que una vez hayas sido lleno de vida, salgas a compartirla. No se trata simplemente de enseñar un cuerpo de doctrinas. Es algo mucho más allá. Se trata de vida y de vida en abundancia. Hablamos de Jesús, primero porque sabemos que Él es una Realidad y que Sus Enseñanzas son verdad; los que hablamos de Jesús no lo hacemos solamente porque pensemos que sea bueno para la sociedad o algo por el estilo. No, lo hacemos porque estamos convencidos de estar hablando de una verdad; como un anciano habla con convicción de la vida o un enfermo habla con convicción del dolor, así hablamos nosotros del cristianismo. Es algo cierto.(Lc. 24, 48) Pero no es nuestro único motivo para hablar de nuestra fe. Lo hacemos también porque sabemos que Dios quiere cada ser humano conozca el Amor de la forma en que nosotros lo hemos conocido. Sabemos que su propósito es que cada persona en esta tierra conozca la vida eterna que nosotros hemos conocido en Cristo Jesús. (Lc. 24, 47) Él murió en esa Cruz para que cada hombre en el universo pudiese tener una vida abundante. En eso pensaba cuando tomó la decisión de entregarse, (Lc. 24, 46) en ti, en mí, en mi amiga artista y en mi amigo científico, en el joven que se pierde en las drogas, en el hombre adicto al trabajo, en la familia dividida, en la mujer sumida en el pecado sexual… Él se entregó en esa Cruz para que cada ser humano pudiera tener una vida abundante. Y nos permite participar del milagro de la vida abundante en otros, al ser los que embajadores de Jesús. (2Cor. 5, 20)
Nuestra Línea de Evangelización y Misiones organiza eventos, salimos a los parques, hacemos seminarios, busca espacios en los que se pueda anunciar el Evangelio y procura mantenerse en relación con otras comunidades para compartir dones… Todo con el fin de repartir vida. Pero esta línea tiene muy claro cuál es su arma más fuerte: Está sentada en estas bancas. Cada uno de ustedes es una bomba de vida y Dios está esperando que explote. Hablemos de Jesús en donde estemos, con nuestras palabras y con nuestras acciones. No callemos. La gente necesita a Jesús. Nuestra sociedad desespera por Cristo. Y hoy Dios nos recuerda que confía en nosotros para esta tarea. No temamos, hablemos; si se burlan, que se burlen; si te ignoran, algo quedará en sus corazones. Pero no callemos.
Mientras me mira con su gesto de sorpresa, yo me reafirmo en mi mente: “Mi fe no es algo irrisorio”, pienso. Luego, empezamos un debate. Tal vez esta no sea la noche en que se arrepienta ante Dios. Pero no se olvidará de que no le hablo de un mito, como ellos le llaman, sino que le hablo de una verdad que nuestra ciencia aún no puede descifrar. Tiempo después, quiso volver a hablar conmigo… y del mismo tema.

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