22 de julio de 2011

Un regalo preciado: ¡Una flor!


Era de noche y allí se encontraban ellos hablando palabras llenas de Amor, del AMOR. Hubo una tarea este día: “ejercitar la fe”…me pregunté si de cosas sencillas podría mi fe hacer ese ejercicio, pero más sin embargo, decidí seguir el consejo, pasaron dos días, hasta que Le pedí algo sencillo: “quiero una flor, quiero que me des una flor”, mi mente comenzó a divagar, pensando en que esta flor vendría por manos de alguien unida a un abrazo de alguien, mi corazón pensó en múltiples formas, pero nada de eso sucedió. … demasiado limitado para mi mente, caminé con la convicción de que este día mi AMOR me regalaría la flor tan anhelantemente pedida.

Me encontré con una amiga y me llevó a su casa, en dónde se encontraban dos dulces seres que entre ambas no sumaban más de 8 años, me presenté y ellas tímidas se presentaron. Sentada allí me acordaba de mi flor, que cada vez se hacía tarde y que ese momento no llegaría… la personita más grande gritó: “vamos a hacer un espectáculo” se hizo detrás de la cortina, y como un telón rojo de terciopelo que aparecen en los teatros más elegantes, esta cortina se abría para dar paso a tan semejante espectáculo de canciones, cuentos risas, mímicas y aplausos… “ahora te toca a ti”, mi corazón se aceleró, y me puse roja “yo no sé cantar, ni bailar… no puedo”… y allí ella insistente “ay claro que sí” me levanté con nervios, porque allí estaba mi amiga, pensé en el que dirán, pero decidí jugar, me metí detrás del telón, y se escuchó una voz diciendo: “les presentamos a la más fabulosa, la más cantora… Brenda… bravooo” se abrió semejante telón y me vi al frente de tres preciosas mujeres: las dos niñas y mi amiga (quien también había cantado), se sonreía al verme allí… canté, hice mímicas, y sí, aunque no lo crean: hubo aplausos… me senté, sin pensar en haber hecho el oso o cosas parecidas… luego, la más pequeña que apenas balbuceaba unas palabras, cantó una canción de Dora la exploradora, y para ella hubo también un sinfín de aplausos… jugamos aquella tarde a “Sami el heladero” y vimos “Barbie y las tres mosqueteras” en la que la canción más representativa decía algo como “una para todas y todas para una”… hubo cuentos de princesas que llaman por celular a sus príncipes para bailar toda una noche y de brujas que se vuelven buenas, de reinos que se salvan, y de bailes en los que los príncipes y princesas jamás se cansan… en un momento de quietud, regresé a mí, volví a pensar en mi flor, vi las caras de estas tres preciosas princesas, y detallé el vestido de quien me había pasado al frente, de quien había corrido la cortina para que bailara, de quien había jugado conmigo a comer muchas malteadas de chocolate y quien había escogido la película de “las tres mosqueteras”: tenía unas botas de princesas rosadas, y un vestido azul, y en el lado de su corazón tenía bordada una flor de muchos colores, que combinaba con su risa y su encanto…

Me regresé a casa entendiendo que Dios ve más allá, que mi flor, me invitó a ser princesa, a jugar y llenarme de malteadas de chocolate, a aprenderme la canción de las tres mosqueteras, a salir en escenario y cantar frente a otras tres preciosas princesas… mi flor, tenía vida propia… no, no tuvo que abrirse el cielo y que una mano grande (gigante) me la entregara y saber que era ÉL MI AMOR… entendí que la sobrenaturalidad de Dios, va mucho más allá de lo que la mente humana, limitada y rutinaria alcanza a imaginar…

Brenda Ospina

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